Black Mass cuenta la historia real de James “Whitey” Bulger, un criminal de Boston que logró volverse prácticamente intocable gracias a un pacto muy turbio con el FBI. Johnny Depp lo interpreta con un aire inquietante que deja claro desde el principio que es alguien capaz de cualquier cosa.
La película muestra cómo Bulger, supuestamente para ayudar al FBI a derribar a una mafia rival, empieza a pasarles información mientras ellos miran hacia otro lado cuando él comete sus propios crímenes. El agente John Connolly, que lo conoce desde niño, es quien le abre la puerta a esta relación que termina convirtiéndose en un desastre.
A lo largo de la historia ves cómo el poder y la violencia de Bulger se vuelven cada vez más descarados, mientras el FBI queda atrapado en su propia corrupción. Al final, todo ese entramado de favores, miedo y silencio se desmorona, revelando hasta dónde puede llegar alguien cuando tiene vía libre para actuar.

Ride Along 2
En Ride Along 2, Ben —el aprendiz de policía más entusiasta y torpe que puedas imaginar— está a punto de casarse con la hermana de James, el detective duro y siempre serio. Justo cuando Ben intenta demostrar que ya está listo para ser un verdadero policía, James tiene que viajar a Miami para investigar a un presunto traficante de drogas… y, por supuesto, Ben insiste en acompañarlo.
Lo que sigue es una serie de desastres, persecuciones y meteduras de pata que desesperan a James, pero que, de alguna manera, siempre terminan ayudando a avanzar el caso. En Miami se unen a una hacker inteligente y sarcástica y a un detective local que no está muy convencido de trabajar con ellos.
Entre humor, caos y momentos en los que Ben casi arruina todo —o lo salva sin querer—, la película muestra cómo ambos, a su manera, terminan funcionando como equipo. Al final, Ben consigue dar un paso más hacia demostrar que puede ser un buen policía… aunque todavía le falte mucha práctica.

Inside Man
Inside Man empieza con un robo aparentemente perfecto: un grupo de ladrones entra a un banco de Nueva York disfrazados de pintores, toma rehenes y, desde el primer minuto, parece que tienen todo calculado al milímetro. Al frente del operativo está Dalton Russell, un ladrón frío y meticuloso que no da un paso sin haberlo pensado tres veces.
La policía, liderada por el detective Keith Frazier, llega para negociar, pero cada intento de entender qué quieren los ladrones termina chocando con el mismo problema: nada encaja. No piden dinero de forma clara, no muestran prisa, y mantienen a todos confundidos, como si el robo fuese solo la punta del iceberg.
A medida que avanza la película, se hace evidente que el objetivo real no es la caja fuerte en sí, sino un secreto muy turbio que el dueño del banco ha guardado ahí durante décadas. También aparece una poderosa “fixer”, enviada para proteger los intereses de ese banquero, lo que complica aún más el juego.
Lo interesante es que, entre engaños, disfraces y movimientos calculados, el robo termina siendo mucho menos sobre dinero y mucho más sobre justicia, venganza y sacar a la luz lo que alguien intentó enterrar para siempre. Cuando todo termina, te queda la sensación de haber visto un plan tan bien armado que incluso la policía tarda en entender qué pasó… y cómo demonios lo lograron.

